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Sobre mi padre y el General PDF Imprimir E-Mail
Wednesday, 23 de July de 2008
  siento que le debo mucho más de lo que podré devolverle...
Sobre mi padre y el General


Gracias a el V\H\ Martín Bermúdez por compartir este texto desde Argentina.

Mi padre no fue el General San Martín.

 

Tampoco fue Superman, ni Batman, ni siquiera el devaluado Linterna Verde.

Claro que en mi infancia era poco claro el límite entre realidad y fantasía, por lo que el glorioso General revistaba a todas luces en la misma categoría que los antes nombrados.

Solo me llamaba la atención el hecho de encontrar a San Martín en el Manual del Alumno Bonaerense, mientras que los otros solo figuraban en revistas, casi todas ellas editadas en México.

Mi abuelo había llegado a esta tierra de promisión, partiendo desde el puerto de Cádiz, curiosa coincidencia con el lugar de la Gran Logia donde, refieren muchos autores, había sido iniciado El Libertador.

Más que añorar la tierra dejada atrás, abrazó con fervor la nueva patria e inculcó en sus hijos muchas de las ideas que hoy propongo desde esta columna.

Patria, Bandera, Himno, Libertad, Igualdad, Fraternidad, Honor, eran valores y objetivos al mismo tiempo.

Solo la perspectiva histórica me permitió entender, siendo ya adulto, muchos de los gestos honorables, los sacrificios y entrega de un hombre cuya estatura moral quisiera poder replicar, pero mi padre era tan mortal como yo y no llegué a honrarlo lo suficiente.

Hace dos años mi padre falleció, junto a mí, en absoluta paz.

Ochenta y dos años de principios en acción.

El mes pasado, en ocasión de la mudanza de mi madre, recibí algunas de las pertenencias de mi padre; entre ellas un daguerrotipo del general San Martín, que había publicado el diario La Nación y mi padre había enmarcado.

Nadie entendía muy bien por qué, pero él lo tenía colgado frente a su biblioteca, junto a volúmenes de Alberdi y José Ingenieros, entre otros.

Mi padre no era Masón. Supo que yo lo era pocos días antes de morir.
Había un hilo invisible que unía las ideas de muchos hombres, que dentro y fuera de Nuestra Institución, supieron ver la grandeza de Nuestra Nación y dejaron un legado.

Ahora, orillando los cincuenta años, siento que le debo mucho más de lo que podré devolverle, al igual que a San Martín.

Parece mentira la comunidad de ideas que hoy encuentro entre ambos.

Mi desafío es hacer lo mismo por mis hijos y legarles una patria mejor, o por lo menos intentarlo.

Hasta hoy, mi querido lector, he firmado mis artículos utilizando como seudónimo mi segundo nombre, Gerardo, y mi apellido materno, Bolsico.

Hasta hoy.

Cambiaré la firma, pero seguiré desde estas líneas honrando el pasado para construir el futuro.

Mi nombre es Martín Bermúdez y soy Masón.

 
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